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  • Cycle de l’errance, Forêt profonde, Sous le regard d’un soleil noir, Francis Dhomont dans Parabólica

    «Ruidos», Francisco Ramos, Parabólica, no 0, 1 décembre 2002
    dimanche 1 décembre 2002 Presse

    Para cierto sector de la musicología, en la obra de Pierre Boulez convergen tanto los signos propios de la Vanguardia como los inherentes a estéticas más recientes. En el esplendor de Darmstadt, la obra considerada unánimemente faro de las nuevas preocupaciones de lenguaje fue Le marteau sans maître de Boulez. Ahora, en plena crisis del modernismo, Jean-Jacques Nattiez ve en el Répons de Boulez el mayor logro musical contemporáneo. En su ensayo Boulez à l’âge postmoderne: le temps de Répons, Nattiez efectúa una pertinente distinción entre modernismo y postmodernismo: “El modernismo musical, el que se da en la época de postguerra, significa la búsqueda inicial de un sistema con vocación universal, siempre ávido de lo nuevo. Ahora, los músicos postmodernos favorecen la multiplicidad de estilos, el rechazo de la idea de progreso a favor de una música no experimental, inmediata y comprensible”. Paul Griffiths, en Modern Music and After, reniega de la pluralidad de estilos y la diseminación del postmodernismo: “Desde los años 80 domina un estilo de imitación, se relajan los materiales y la necesidad de novedad se desvanece. Incluso, algunos autores e intérpretes se autopromocionan gracias a la grabación fonográfica”. Francis Dhomont es más rotundo: “El postmodernismo es impuro, permisivo, ecléctico, irónico, inmediato”.

    En cuanto a su recepción, el modernismo profundiza en el divorcio con respecto al público, mientras que el postmodernismo intenta ganar el favor de los aficionados echando mano de estilos pretéritos. La Vanguardia manejaba la idea de que un día sus creaciones serían comprendidas; el postmodernismo, en cambio, confía en ser entendido inmediatamente. Nattiez elige Répons como modelo a seguir por los despistados postmodernistas (“Répons restaura el equilibrio entre los parámetros musicales. El timbre está integrado en una estructura melódico-rítmica a dos niveles: el de la gran forma y el del detalle sin que el segundo oscurezca al primero”). Griffiths, en cambio, no tiene reparos en señalar las debilidades que, evidentemente, lastran el discurso de Répons: pobreza del arsenal electroacústico, línea melódica liviana y rudimentaria y abuso de la métrica regular. Parece observarse en Boulez un intento desesperado por ser Stravinsky, adoptando una postura objetiva ante la obra y aplicando con frialdad un lenguaje poliestilista.

    Coinciden estos musicólogos en negar a la Electroacústica toda posibilidad de alternativa válida. Ignorando que la base de esta propuesta descansa en la ESCUCHA y no en las notas, achacan a la obra electroacústica una sintaxis poco coherente, fundamentada únicamente en el uso del timbre:¿Puede el objeto sonoro, con todas sus variantes morfológicas, constituir el material de base para la elaboración de una obra?

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    La historia de la música en Occidente está estrechamente ligada a la de los instrumentos. El ejecutante ejerce un papel fundamental en la transmisión de las ideas del compositor. El problema surge cuando el excesivo culto al intérprete y al director de orquesta resta protagonismo a la obra y al autor: esa es la corriente dominante en los programas de conciertos. Desde que el músico deja de escribir exclusivamente para la gran orquesta a favor de plantillas instrumentales reducidas, el interés del público y los programadores hacia lo nuevo decae ostensiblemente: el lugar del Espectáculo -el escenario del Gran Auditorio- no admite a los pequeños conjuntos. Su armazón no se aviene con la estética de ese espacio, preparado sólo para acoger grandes fastos.

    El dominio del instrumento se ha seguido dando en la producción musical del siglo XX. En este sentido, el rompimiento con el pasado sólo se da en términos de lenguaje. Los materiales que originan el sonido de la obra moderna siguen siendo los mismos que en el clasicismo. En 1948, Pierre Schaeffer descubre las posibilidades del material electrónico. Empieza ahí a cuestionarse el dominio del instrumento convencional. Nace la música concreta.

    Aunque asumida por buena parte de compositores, hasta el punto de influir decididamente en la concepción tímbrica de muchas obras de corte orquestal, la electroacústica no ha sido acogida por los musicólogos con el mismo rango que la obra convencional. Nace aquí la paradoja de que la misma Modernidad discute el valor de un arsenal nuevo. Al seguir apegada al instrumento, cae la Modernidad en esa misma dependencia con respecto al intérprete que se critica en la música del clasicismo.

    “La música concreta es todavía sospechosa” (Michel Chion).
    En efecto, frente al reinado del instrumento, el material elaborado electrónicamente vive fuera de la historia, es aún calificado de “experimental”. El ruido es considerado un signo humilde, y a la hora de establecer alternativas a la crisis del Modernismo y encontrar nuevas soluciones estéticas en el cambio de siglo, la musicología se debate exclusivamente en territorios ocupados por la música instrumental: estéticas del pastiche, el juego de la memoria… Hay una resistencia a aceptar libremente las posibilidades expresivas de un material que es nuevo, más en razón de su escasa apreciación que por su verdadera naturaleza.

    Frente a tantas obras actuales que llevan el lastre del pasado, se yergue exultante una pieza electroacústica compuesta en 1996 por Pierre Henry de valor excepcional, Intérieur/Extérieur, auténtico y extraordinario exponente de un lenguaje comprometido con nuestro tiempo (Philips la editó en Disco Compacto).

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    El Arte Acusmático, concebido como un arte sonoro basado en el mundo exterior y visible -concreto-, se vuelve abstracto en la escucha. Elaborado a partir de sonidos grabados, este arte sonoro no tiene memoria. Al oyente se le sustraen los elementos de recurrencia típicos del discurso convencional. El ruido es un signo humilde, no apto, por su propia naturaleza, para obtener los mismos resultados que logramos con el material instrumental: un ruido no es una nota. Y es ahí donde surge el problema de la recepción del arte sonoro en el público. A éste, educado en su mayoría en las -únicas- bellezas del concierto instrumental, y al que en nada le preocupa, cuando contempla una bella pintura, que ésta se haya elaborado con materiales humildes (serrín, tierra), la sola idea de que se pueda conseguir un bello sonido a partir de un pedazo de cartón o una puerta le choca enormemente. Como dice Michel Chion (El sonido / Paidós), el material sonoro de origen sigue considerándose, por lo general, como lo que ennoblece al sonido.

    El maestro del Arte Acusmático es Francis Dhomont. Su obra fundamental la constituyen dos volúmenes: el Cycle de l’errance y el Cycle des profondeurs (discos IMED, distribuidos en España por Arsonal). Points de fuite, … mourir un peu y Espace / Escape forman un tríptico acusmático en el que, dice Dhomont, “intento expresar los símbolos y sensaciones que asociamos a la idea del viaje: la evasión, la fuga, la nostalgia, el espacio -el espacio imaginado y el de la ausencia-, pero también la errancia, los vagabundeos del ensueño, los trastornos que forjan el tejido mismo de la vida”. Es este un universo sonoro que penetra en la mente del receptor como un taladro. El genio de Dhomont consiste en actuar sobre el inconsciente. De sus sonidos (de una belleza inmarcesible), extraídos de lo cotidiano, obtenemos la escucha de lugares y sensaciones que agitan nuestros propios recuerdos, nos ponen en guardia. Luigi Nono la llamaría “música de la subversión”.

    Mucho más devastador, el Cycle des profondeurs contiene dos melodramas acusmáticos: Sous le regard d’un soleil noir recrea textos de El yo dividido de R. D. Laing. Las observaciones anotadas por el analista se alternan con descripciones atormentadas de las experiencias de esquizofrénicos. La narrada en la 7ª sección, la de la joven con síntomas catatónicos, es espeluznante.

    No menos perturbador, Forêt profonde adopta un tono dolorosamente naturalista en el tratamiento dramático de la voz. Viaje al subconsciente y sutil fábula en la que el bosque es el símbolo de nuestro errar cíclico por un sendero que conduce a lo impenetrable, a mundos secretos, Forêt acoge citas de cuentos de hadas y textos de Bruno Bettelheim.

    Dhomont: “El empleo de recursos morfológicos, gracias a la alquimia del laboratorio, procura al autor acusmático un poder de sugestión e intervención sobre el texto original capaz de expresar el inconsciente inexpresable”.

    El maestro del Arte Acusmático es Francis Dhomont.

    Yves Daoust, Jean-François Denis, empreintes DIGITALes dans Circuit

    «Entrevue avec Jean-François Denis, directeur d’empreintes DIGITALes», Yves Daoust, Circuit, no 13:1, 1 décembre 2002
    dimanche 1 décembre 2002 Presse

    C’est à l’été de 1989 que Jean-François Denis, en collaboration avec Claude Schryer, décidait de fonder une maison de disques spécialisée en électroacoustique. Ainsi naquit empreintes DIGITALes, aujourd’hui considérée comme l’une des étiquettes les plus importantes au monde dans le domaine.

    Jean-François Denis fait le point sur l’évolution de sa compagnie. (Propos recueillis le 22 juin 2002 à Montréal par Yves Daoust.)


    YD: Qu’est-ce qui t’a motivé à mettre sur pied une maison d’enregistrement?
    JFD: À l’université Concordia, où j’enseignais à l’époque, nous produisions beaucoup de concerts, si bien que nous avions accumulé un nombre impressionnant d’œuvres sur bande qui dormaient sur les tablettes. Je me suis dit qu’il fallait que ces musiques vivent, qu’elles circulent. L’idée m’est alors venue de créer une série d’enregistrements électroacoustiques qui rendraient ces œuvres accessibles à un public plus vaste que celui du concert, qui assureraient la pérennité des œuvres. Je n’ai pas eu immédiatement l’idée de fonder ma propre compagnie. J’ai d’abord fait le tour des maisons existantes, au Québec et dans l’ensemble du Canada, en leur proposant, sans succès, de développer une sous-collection électroacoustique. Devant leur refus, j’ai décidé de plonger et, avec Claude Schryer, nous avons fondé notre propre maison de production (que je dirige seul depuis 1992).

    YD: C’est donc parti de l’intention de faire connaître les œuvres québécoises?
    JFD: Il est vrai que ça a démarré avec des compositeurs qui m’étaient proches géographiquement. Mais rapidement le cercle s’est élargi: dès la deuxième année, des compositeurs étrangers, dont Denis Smalley, s’ajoutaient au catalogue. (Aujourd’hui, sur les 66 CD d’empreintes DIGITALes, 26 sont de compositeurs étrangers…)

    YD: Quel est le créneau d’empreintes DIGITALes?
    JFD: J’ai décidé de me limiter uniquement à l’électroacoustique, d’autres compagnies s’occupant des musiques instrumentales contemporaines. Par contre, j’avais une définition très large de l’électroacoustique: j’ai produit des œuvres mixtes (instruments acoustiques et bande), des documentaires sonores…

    YD: Donc on ratissait large?
    JFD: Oui, au début. Mais il y a quelques années j’ai ressenti le besoin de resserrer le créneau, de me limiter uniquement, ou presque (il y a toujours des exceptions), aux musiques de support.

    YD: Intéressant… On y reviendra. Mais revenons aux débuts. Produire des CD, c’est relativement facile. Mais le problème majeur n’est-il pas celui de la diffusion?
    JFD: Oui, tout à fait. Le travail commence vraiment le jour où on vous livre les boîtes de CD… C’est d’autant plus difficile et exigeant qu’il s’agit d’un créneau très spécialisé.

    Premièrement, j’ai établi une formule claire: chaque CD serait consacré à un seul compositeur, ce qui permet de personnaliser chaque album beaucoup plus que lorsqu’il s’agit d’une compilation d’œuvres de compositeurs différents. Sur le plan iconographique, j’ai fait en sorte que l’identification de l’étiquette soit claire et forte, porteuse de signification. Il fallait s’assurer que le public identifie dès le premier regard l’étiquette à la musique électroacoustique. Quant à la distribution comme telle, sans laisser de côté le créneau traditionnel des magasins de disques, je l’ai axée davantage sur la vente par correspondance.

    YD: Puis il y eut Internet…
    JFD: Oui, bien sûr: rapidement après l’établissement de la norme du web, nous avions notre site (dès février 1995). Actuellement, je dirais que plus de 60% de nos ventes se font directement via le site internet electrocd.com.

    YD: Ce qui nous amène sur le terrain de virtuel: est-il encore nécessaire aujourd’hui de produire des disques? Quand on pense aux mp3…
    JFD: Effectivement, on a accès aujourd’hui à tous genres de musique, en les téléchargeant directement à partir, par exemple, de sites comme mp3.com, et ce gratuitement et avec une qualité sonore intéressante (mais sans égaler le spectre et la dynamique du CD). Dans ce cas, il n’y a donc pas de producteur, mais simplement un site d’accueil où n’importe qui peut déposer sa musique. Mais est-ce que ça fonctionne? D’une part, on est privé d’iconographie: un disque, c’est un objet qui peut être beau, original dans sa présentation; et puis il y a le livret qui est très précieux, particulièrement dans le cas de musiques de recherche et de création. D’autre part on est face à une quantité étourdissante d’information, dans toutes les directions musicales. Comment choisir?

    YD: Oui, mais qu’est-ce que je risque à part une perte de temps? C’est gratuit, et puis ça permet de faire des découvertes, d’élargir ses horizons…
    JFD: Sûrement, si tu es prêt à y consacrer l’essentiel de ton temps. Mais je continue de croire que le rôle du producteur demeure primordial. Non seulement il assure le suivi et fait la promotion des titres qu’il produit, mais il donne une ‘couleur’, une orientation artistique qui non seulement permet, encore une fois, une identification claire du genre par le public, mais en plus établit une relation de confiance: on connaît le type de produits d’une étiquette donnée. Et si on aime, on sera porté à faire confiance au producteur et à se procurer un nouvel album, même si on ne connaît pas le compositeur. Il me semble très important de garder ce principe de ‘parrainage’, de direction artistique.

    YD: Donc tu ne crois pas beaucoup à la distribution virtuelle?
    JFD: Pas via les sites généralistes… Il y a cependant des exemples intéressants dont celui du site notype.com, consacré aux musiques électroniques et expérimentales. Ici aussi, pas d’objet matériel, de disque. Mais, à la différence de sites généralistes, comme mp3.com, où tout est sur le même plan, dans ce cas-ci, le webmestre regroupe les musiques de son choix en albums virtuels qu’on peut télécharger gratuitement. Il y a donc direction artistique, tout comme chez empreintes DIGITALes. Cela facilite la tâche de l’auditeur.

    YD: Alors, pourquoi ne pas faire la même chose et éliminer l’étape de production matérielle?
    JFD: Parce que la qualité sonore requise pour bien rendre l’électroacoustique n’y est pas avec le mp3 (mais il faudra me reposer la question le jour où apparaîtra une nouvelle norme vraiment comparable au CD actuel…), et aussi parce beaucoup de gens n’ont ni le temps et encore moins les moyens techniques de télécharger des fichiers de centaines de mégaoctets chacun.

    YD: Tu insistes beaucoup sur ton rôle de directeur artistique. Alors qu’est-ce qui motive tes choix? Quel est le profil du compositeur susceptible de se retrouver sur empreintes DIGITALes?
    JFD: C’est une question délicate car le choix se fait de façon très… ‘impulsive’. Le travail du compositeur doit me plaire, mais il faut surtout que je ressente une… rigueur dans sa démarche. D’autre part, je dois sentir aussi la motivation du compositeur à poursuivre et développer sa carrière, un élément important pour la diffusion du disque. Trop souvent un compositeur considère qu’une fois le CD produit il peut passer à autre chose alors qu’il faut encore faire vivre ces musiques, les présenter en concert et en parler lors d’entrevues à la radio et dans les médias écrits (imprimés ou électroniques).

    YD: J’aimerais revenir à la notion de créneau qu’on a abordée plus tôt. Tu disais que depuis quelques années tu as resserré le créneau d’empreintes DIGITALes, te limitant aux musiques de support. Pourquoi?
    JFD: J’ai voulu m’assurer qu’il n’y ait pas d’ambiguïté quant au créneau d’empreintes DIGITALes: on assiste depuis quelques années à un foisonnement important des musiques électroacoustiques qui éclatent dans tous les sens. C’est extraordinaire et porteur d’avenir. Mais je pense qu’il est crucial d’éviter la confusion des genres auprès des auditeurs. C’est pourquoi j’ai resserré l’offre, en gardant bien le cap sur les œuvres fixées. Mais afin de rendre compte de ce foisonnement et suite à la rencontre de David Turgeon, une des personnes derrière notype.com, j’ai fondé No Type, une nouvelle étiquette qui est le prolongement matériel du site web. C’est un nouveau couloir, spécialisé celui-ci dans les musiques électroniques et expérimentales alternatives.

    YD: Mais n’y a t-il pas risque de cloisonnement quand les corridors sont trop serrés? Où se loge un compositeur — et c’est de plus en plus fréquent chez les jeunes — qui pratique une sorte d’hybridation entre ce qu’on pourrait appeler l’électro «classique», issue de la tradition savante, et des approches plus alternatives, orales, issues souvent de la pop ou du techno?
    JFD: La musique expérimentale est toujours plus ou moins entre deux chaises. C’est au compositeur et à moi de décider du meilleur corridor pour tel ou tel projet de disque. Par ailleurs, sur le site de ma compagnie de distribution (electrocd.com), tout est mélangé, on y retrouve tous les titres, quelle que soit l’étiquette. Ceci dit, pour en revenir à No type, une autre raison pour laquelle j’ai décidé de créer cette étiquette, c’est que le genre dit «électroacoustique» n’a pas toujours bonne presse. Il est souvent considéré par les gens des nouvelles musiques alternatives (et par bien d’autres!) comme académique (musique froide, stérile…). Plusieurs créateurs, dont le travail pourrait selon moi très bien entrer dans le grand genre électroacoustique, préfèrent être «associés» à la zone représentée par No Type. Eh bien, allons-y. Il ne pourra y avoir que «contamination» (dans les deux sens!): les amateurs de cette collection écouteront de l’électroacoustique (mais sans le savoir nommément), sans préjugé défavorable. Avec le temps, je pense que les cloisons se briseront, qu’il y aura contamination d’un genre sur l’autre.

    YD: Donc, toujours ce clivage entre les genres…
    JFD: … que beaucoup de journalistes entretiennent malheureusement, n’établissant pas de liens historiques entre les pratiques artistiques. Mais je n’ai pas voulu m’attaquer à ça, du moins pas directement. Je fais plutôt le pari que les habitués de No Type iront fureter dans l’étiquette voisine (empreintes DIGITALes) et vice versa. Il y a déjà des exemples: l’an dernier il y a eu un événement à Montréal qui s’intitulait «Dhomontellement». Fascinés par la musique de Francis Dhomont, de jeunes compositeurs d’électronique expérimentale ont «revisité» son œuvre…

    YD: Je reviens à la soi-disant mauvaise presse qu’aurait la musique électroacoustique. Un des problèmes de cette musique ne tient-il pas au fait que, bien qu’étant une musique de support réalisée entièrement en studio, sa destination première est, règle générale, le concert? Ce sont des musiques pensées pour le concert, qui trouvent leur pleine signification dans ce cadre.
    JFD: Il y a une différence fondamentale entre la musique instrumentale et la musique électroacoustique: cette dernière est une musique de medium. Elle est donc indissociable du support sur lequel elle est couchée alors que l’enregistrement d’une musique instrumentale est essentiellement d’ordre documentaire.

    YD: D’accord, quand il s’agit de l’enregistrement d’un concert. Mais n’y a t-il pas de plus en plus de compositeurs «instrumentaux», particulièrement chez les jeunes, qui pensent, au moins un peu, en fonction de l’enregistrement?
    JFD: Il est vrai que le concert est devenu une forme très marginale de communication de la musique, particulièrement depuis le développement de la radio qui est devenue un fournisseur majeur de musique. La radio et le disque représentent certainement aujourd’hui plus de 90% de notre rapport à la musique.

    YD: Et cette écoute individuelle a complètement transformé notre rapport à la musique, à la forme, à la perception du temps. Le compositeur a perdu le contrôle…
    JFD: La musique est devenue un produit de consommation, donc les usages se sont multipliés.

    YD: Si les œuvres électroacoustiques sont des musiques de support, elles ne sont pas nécessairement pour autant des œuvres pour support dans la mesure où elles continuent d’être pensées et composées en fonction du concert et donc destinées à être écoutées dans une relation traditionnelle de représentation où la seule différence avec le concert instrumental réside dans le fait d’avoir remplacé les instruments par des enceintes acoustiques (on a même gardé le chef, qu’on appelle ‘diffuseur’…)
    JFD: C’est sans doute là où le clivage entre les tendances est le plus manifeste. Le concert dans sa forme traditionnelle reste effectivement la situation idéale de diffusion pour la majorité des compositeurs électroacousticiens, le lieu où la musique prend tout son sens: le public est captif, silencieux, sous le contrôle du diffuseur. Mais comme le concert rejoint peu de monde, on voit dans la diffusion radiophonique et surtout dans l’édition discographique un moyen d’élargir le cercle des auditeurs, en espérant qu’une partie de ces auditoires rejoints par ces media finira par venir au concert. Mais il y en a qui ont compris, et ce particulièrement chez les compositeurs des tendances alternatives, des musiques dites électroniques, que «le medium c’est le message», comme l’a dit McLuhan. Ils composent donc pour le disque, ayant compris qu’une nouvelle relation musique-public a pris forme, particulièrement depuis la standardisation du support numérique. Ils réalisent que le disque amène une relation à la forme, au temps, très différente des schèmes classiques des œuvres destinées d’abord au concert.

    YD: Mais qu’en est-il alors du concert? Est-il destiné à mourir?
    JFD: Paradoxalement, ces compositeurs inversent le processus des musiques non-commerciales, si on peut dire: au lieu d’aller du concert au disque (comme en musique intrumentale contemporaine), ils reproduisent au concert l’approche qu’ils ont de l’œuvre-disque. Ils réinventent ainsi le concert. Les œuvres sont ouvertes, le public va et vient comme il veut, parle, fume, boit… La présence des musiciens-interprètes est très discrète. Le concert devient (redevient) un espace social, un lieu d’échange, une forme de fête.

    YD: Est-ce que tu incites les compositeurs dits «savants» à développer davantage une conscience du medium «disque»?
    JFD: Non, je laisse les tendances suivre leur cour. Je préfère être un reflet de ce qui se passe plutôt qu’un moteur; un miroir, légèrement déformant… Il y a eu quand même les disques Électro clips (en 1990) et Miniatures concrètes (en 1998), qui étaient des disques concepts, et aussi, à venir, une œuvre pour disque, Le contrat, que j’ai commandée à Gilles Gobeil et René Lussier. Mais essentiellement mon rôle reste de rendre les musiques disponibles, accessibles et de contribuer à la constitution d’un patrimoine.


    (Propos recueillis le 22 juin 2002 à Montréal par Yves Daoust.)

    … Ainsi naquit empreintes DIGITALes, aujourd’hui considérée comme l’une des étiquettes les plus importantes au monde dans le domaine.

    Parr(A)cousmatique, Arturo Parra dans Sonoloco Record Reviews

    «Review», Ingvar Loco Nordin, Sonoloco Record Reviews, 25 novembre 2002
    lundi 25 novembre 2002 Presse

    Arturo Parra (1958), born in Colombia, has been living in Canada since 1989. For the last ten years he has been busy composing and performing contemporary pieces, often with the guitar in different contexts. He is interested in sonic exploration, as well as development of new playing techniques and the stretching of the possibilities for the guitar in modern art music. Parra has also been active in the spoken word idiom.

    This CD has an interesting background. It all stems from Arturo Parra’s idea back in 1997 to commission works for electroacoustics from several well-known composers. They were Francis Dhomont, Gilles Gobeil, Robert Normandeau and Stéphane Roy; all very successful in their fields. The commission was for pure electroacoustic works, which Parra then would use to compose other works for guitar and electroacoustics. In 1998 both versions of each of the then four works were heard in concert in Canada. Another peculiarity of this project was that the financing was a shared commitment by The Canada Council for the Arts and The Colombian Ministry of Culture.

    This CD contains the final mixed results, i.e. the versions that Arturo Parra achieved with the compositions delivered by the four composers mentioned above plus an extra entry managed in the same way, electroacoustically composed by Colombian composer Mauricio Bejarano.

    The guitar parts were played by Arturo Parra without the use of any manipulative means, recorded in realtime on an instrument built by Manuel Contreras in Madrid, Spain in 1984.

    La basilique fantôme (The Phantom Basilica) begins the selection. Its electroacoustic part is composed by Stéphane Roy. The atmosphere here is that of a remembrance of the souls that have prayed in the basilica, and one has the feeling of centuries of shadowy figures out of the past coming to life once more. A dark breath of air comes at you at the very beginning, but the guitar fingers swiftly along a gallant figure, which gets rhythmic and even very melodious, tenderly touching upon a simple melody, however darkly mirrored and shadowed in the electroacoustics. The rustling movements of long skirts or gowns in an electroacoustic string section sounds like the silent voices of a sea of people, swaying back and forth in time, receding back in the ages and emerging out of the darkness of death; a pale, shy battalion of ghastly shapes, conjured up out of their beyond by intruding visitors. The fabric of this cumbersome piece is dark, with a somber hue, almost not visible in the dusky corners of the basilica, and soon everything will pass, the forlorn shapes unable to retain the energy that keeps them visible or semi-visible for this short duration.

    D’or et de lumière (Gold and Light) is composed – its electroacoustic layer – by Mauricio Bejarano. The vision of the composer was a dense forest with a lake, into which a man dives, offering himself up to the God or perhaps the gods. Around the lake – still in the composer’s vision – thousands of bodies (he say “bodies”, not “people”) are lost in a trance dance. The music is grainy at first, fragments of audio shimmering like grains of sand in the sun and between teeth. It strikes me that this project as such is a strange bird at empreintes DIGITALes. The mixed form – especially with the tightly curbed prerequisites of this set — is very hard to do something very good with, as it oftentimes comes out superficial or forced. This release is not totally free of this malice, but I do declare that the result is unusually successful anyway, with this little remark in mind. The electroacoustics of track 2 are delicate, minuscule, tempting, and the guitar remains much a lone elf in this gleaming electroacoustic environment. I wouldn’t mind hearing a developed version of the electroacoustic of this piece by itself.

    Sol y sombra… L’espace des spectres (Sun and Shadow… Ghosts Over the Ring), was composed in its acousmatic part by Seigneur Francis Dhomont. In this composition Parra has had the bullring in mind, having the guitar and the tape part confront each other like the matador and the bull. Parra even mentions Manuel de Falla in his introductory text. Without a doubt, this entry is the most exciting so far on the CD, with a richness of sounding material, more equal with the guitar than in the former pieces, in a web of ingenious sounds in which the guitar just adds a peculiar glance, a certain flair, from the so-called real, analog, realtime (explain that word to Einstein!), daily life. This hint at everyday strife is however delivered by Dhomont in a dreamy, mirrored kind of way, and he even uses, figuratively speaking, brass mirrors of The Old Testament, which do not deliver sharp-edged reflections, but hazy approximations of life, and the string theorists of today would say that this is more to the point, since nothing, no matter, no energy, is absolutely certain, but rather a little elusive, floating, evasive… no matter how practical and empiric we believe that we are… These almost twelve minutes of Dhomont-Parra turns out to be a masterpiece, and with Francis Dhomont involved – a man with only masterworks in his catalog – this is no surprise… but it makes me happy anyway, as I was just losing some hope for the mixed form.

    Soledad (Solitude) is Gilles Gobeil’s go at this project. Parra says that he aimed the guitar at the expressions of solitude, separating each of the guitar sounds from each other, stripping the instrument of its harmonic properties. A slow atmosphere, a murmur deep down, a long sigh, followed by yet another sigh, spaced far apart, opens a transparency, an openness beneath bridges, at zero-points, in areas with lots of cargo in harbors when no one is at work, a Sunday afternoon at the docks, occasional ants passing over cracks in the cement, cranes resting with bowed necks along the wharf. This is another masterpiece, slightly contoured around a thin-aired space with lots of empty time, lots of un-sounding sounds, a wide gesture over vast areas, water trickling like in a movie by Andrei Tarkovsky; Stalker… and we’re in the Zone, treading it in rubber boots and gas masks, just to make sure… These eerie illusions are skillfully instigated by Gilles Gobeil, and Arturo Parra has followed suite and managed a perfect match. Nothing here feels “mixed”. This is a coherent audio poem in subdued, withheld post-war shreds of darkness, flying up like silent ravens around are hopes…

    L’envers du temps (The Other Side of Time) closes the album. Robert Normandeau is the electroacoustician. Parra’s text on the piece takes us into the timelessness beyond time, into a state of mind which is, in fact, in my view, much more true than the daily, frantic dealings with time, because in a universal aspect everything is happening simultaneously, or rather without the hindrance of linear time. Everything that has happened is in the same state, in the same place, as is everything that has not yet happened – and try to define a NOW! Impossible. It’s just a theoretical interface of past and future. Alas, like I like to say: All times are now; all places are here! The initial sounds are like fenders rubbing against the quay-edge as a gentle swell rolls in, from died-down storms far below the horizon. I also get the feeling of crickets measuring time in a hypnotic beating of very short durations, so short and close that they turn into a pitch, a cicada pitch of illusionary time, producing gravity as it curves, having us rest like plummets through the space-time continuum. The music is very gentle, the fender sounds of the guitar mingling with pianistic guitar sounds, in a simmering, vibrating atmosphere which grows denser only to thin out, in a breathing motion, myriads of cockroaches and silver-fish welling up out of planetary cracks in the moonlight outside a coastline steelworks on the Baltic Sea… but in this vision the guitar provides a prayer bead of tones to hold on to in a consoling message from benign spirits in the timelessness…

    liberum arbitrium, morceaux_de_machines dans Sonoloco Record Reviews

    «Review», Ingvar Loco Nordin, Sonoloco Record Reviews, 25 novembre 2002
    lundi 25 novembre 2002 Presse

    These laptop goblins make sure nothing is really sure anymore, as they bring the fuzzy principles of quantum mechanics and string theory into the world of binary sonics, played backwards in time, it seems, to the beat of sprawling chronometer meltdowns, clocks and spiders crawling away across cracks in the cement, time bent in on itself, curving ever deeper into spirit and matter, ever closer to the core of the NOW, as the minute, minuscule slices of time with their minute – but densely packed – fragments of lives are mangled through a wormhole in space-time with a Gargantuan might that distorts everything recognizable and well-known into pointillist approximations of an echo of the solid, bohemian safety of A Prairie Home Companion… individual remains of human lingual morphemes floating up into conscience in flaky dandruff residue – and I’m talking about music, don’t you forget, music right above the surface of dirty blue jeans and shimmering Macintosh interfaces, out of frantic, warm circuits in a mystery machine right out of The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy – but DON’T PANIC!!!

    The Quebec City radio show Napalm Jazz on CKIA–FM back in the mid 1990s constitutes the beginnings of the duo work of Aimé Dontigny and Érick d’Orion. The concept of the show was a wild mix of avant-garde, hip-hop, free jazz, electronics, found sounds and musics, which lays down the direction of the subversive workings of these guys up until this today, obviously providing enough creative force to keep them staggering down this wildman path!

    The packaging is something extra here. It is made like regular empreintes DIGITALes covers, with a contraption of fold-out, hard, high-quality paper, but the art is overflowing and really compelling here, with demonic drawings by cartoonist Guy Boutin and wonderful water colors by Sophie Dowse. The whole impression of this package is one of bursting, overflowing, overpowering creativity. Flow with it or bend out of the way and hide, until it sweeps by!

    In track 2 I actually find a more overarching, modal structure, in a bubbling frenzy which the mind glues together into a bead, a line, a melody of sorts, if only from a distance, as fractions of voices add a human touch, and the static of telephone lines through minus 40 Lapland wastelands wheeze and crackle through the human predicament with needy messages for a hungry ear beyond the weather…

    There is nowhere to hide from this army of lightning rods inside your head, emerging from the core of Self, cutting away at your stray thoughts like a battalion of paper shredders in an office high-rise. Piano bar melodies are smeared all over the walls, as something gets back at something for something. We slide up against the back wall, easing sideways past the most awesome of goings-on, as the fish jump in frenzied electrocution in their center room aquarium, seconds before impact, as the avenger comes flying in, bent on avenging the 2nd, 3rd and 4th world, as he recognizes “the disgusting thing that causes desolation standing in a holy place” [Daniel 12:11 & Matthew 24:15], and Armageddon is on…

    Track 3 brings hallucinatory voices into a woman’s warmth and shelter (Twas in another lifetime, one of toil and blood, when blackness was a virtue and the road was full of mud, I came in from the wilderness, a creature void of form; ‘Come in,’ she said, ‘I’ll give you shelter from the storm’ [Bob Dylan]) as skin peels descend like soot-flakes from an arson epidemic all across the parking lot as you run and keep on running, away, away, away…

    I get the idea that these sounds may be what alien civilizations on forlorn worlds out of thinkable reach may one day find as the electromagnetic remains of our moment in time on Earth, the distorted transmissions from a died-down culture, a faded-away species, soar past their receivers scanning their cold skies for traces of spiritual spurs down the galaxy clusters and beyond…

    morceaux_de_machines is a virtual dream machine, injecting the listener with such a wild array of visions that peyote and mescaline becomes futile accessories. Aimé Dontigny and Érick d’Orion have found a modern, high-tech backdoor into age-old shaman rites and magic otherworldly experiences – which goes to show that each time in history has it’s on way of boring into the layers of consciousness, towards pre-intellectual domains of bliss and wonder. When genuine and authentic medicine men of contemporeana (for example lap top wizards) take on this feat as seriously as morceaux_de_machines, the means are there, installed, up and running, for anyone with a clear ear to utilize – and I do, with the pleasure of a whooopeee mind rider!

    morceaux_de_machines is a virtual dream machine, injecting the listener with such a wild array of visions that peyote and mescaline becomes futile accessories.

    Traces dans Array Online

    «Review», Tae Hong Park, Array Online, 18 novembre 2002
    lundi 18 novembre 2002 Presse

    Adrian Moore’s CD Traces (2000) showcases five electroacoustic music works from 1994 to 1997. All five pieces on the CD are acousmatic, i.e. they involve no intervention of ‘performed materials.’ Mr. Moore’s fluency and eloquence in manipulating and shaping sound objects such as recorded tinfoil, a marker pen, and balloons is of the highest craftsmanship. While listening to the tracks one can imagine him steering his magic mouse from pixel to pixel, and conjuring up sound images that often reveal no clear traces of their origins or roots. At the same time, as in the last piece Sieve for example, the composer does use recognizable and familiar sound sources but puts the listener in a new listening environment through strategic juxtaposition of those sound materials: “Normally one would listen to cars when approaching an intersection and listen to the birds or the wind in the trees as one walks along the sidewalk. If this was reversed and we listened to the cars as we walked along the sidewalk and the birds at the intersection, our relationships to the environment would be changed.”

    Sieve also deals vividly and directly with the notion of space in music. In one section of the piece the listener is washed out from an interior sound space to an exterior one space a la ‘Ono Fluxus flush’. In another moment you’re inside a room that has a deafening silent feel of an anechoic chamber, listening to the ringing of a small carriage clock and the next moment you suddenly find yourself in the courtyard of a cathedral with its overwhelming ambience. The transportation occurs rapidly, yet in a consistently streamed projection achieved through the use of the timbral boolean product between the clock’s chimes and large bells from the church. Constant bizarre juxtapositions of sound objects that morph from the known to the unknown and unknown to the known appear throughout the piece and in some cases, sounds such as the church bells return transformed to a degree of ‘ambiguous certainty’, most notable towards the end of the recording. The listener is often induced to seek out residual traces of original sound sources that seem to be temporally and spectrally altered. However, one is in most cases given one second and one timbral feature too little to overcome one’s ‘uncertainty of certainty’ regarding the identity of the timbre.

    The first track Junky (1996), according to Mr. Moore is ‘electroacoustic ambient’ music. One can quite easily hear both the ‘electroacoustic’ and ‘ambient’ elements in the piece although the heredity of the sounds themselves is digitally smeared via sonic treatment to render unrecognizable sound objects. The form however, is a more familiar one and follows an A, B, A+B, and a coda design with various ‘cadential’ points. In fact, traditional musical idioms such as melody, harmony, and rhythm appear in various parts in the piece. A slowly moving harmony, which strongly makes up the ambient part of Mr. Moore’s ‘electroacoustic ambiance’, mainly hovers around a steady C# major tonality omnipresent throughout the piece. However, the ambient moments are not something that would be regarded as ‘music for airports’: the smooth ambient clouds are constantly tagged with insect-like gestures that oscillate unpredictably between the foreground and background soundscapes. The idea of ‘electroacoustic ambient’ music further extends itself to the second track Dreamarena also composed in 1996. However, the ambient sound qualities soon become fainter and more aggressive gestural characteristics begin to color the piece. Insect-like sounds that resemble bits and pieces heard in the first track crawl all over the sonic terrain in Dreamarena and the compositional manipulations what seems like granular synthesis, accentuates the behavior of the tiny digital night-bugs.

    Unlike the first two pieces, Study in Ink (1997) and Foil-Counterfoil (1997) use close-miking techniques to capture recognizable real-life sounds as a means to an end — to bring out concealed sonic layers of the recordings. The main starting sound in Foil-Counterfoil is not surprisingly tin foil. Mr. Moore uses the idea of ‘re-hearing’ the tin foil through the investigations of sonic features from other sources such as glasses, balloons, and bottles. In other words, the ‘counterfoil objects’ or the tin foil’s ‘opponents’ (bottles, glasses, etc.) serve as a means to reveal hidden sonic features of the tin foil itself. The low-level timbral feature extraction exercises in deconstructing the multidimensional make-up of the tin foil through seemingly unconnected sound objects and the highlighting of sonic intersections between the tin foil and unrelated sounds exemplifies Foil-Counterfoil. The listener is invited to hear and trace common sonic nodes, intersecting junctions, and acoustic overlaps between distantly related sound objects that he or she would not normally even try to link together. Study in Ink is similar to Foil-Counterfoil in that it deals with exposing different sound layers — comparing, relating, referencing, and incorporating it to other unrelated sound objects. However, in Study in Ink the composer uses the recording of a single marker pen only and transforms it into a variety of new sounds. Compositions based on single sound sources are of course not new — one of the earliest pieces being Pierre Henry’s Variations pour une porte et un soupir (1963). However, Adrian Moore takes the idea to a much higher dimension and sculpts the simple yet idiosyncratic sound object into a plethora of surprising, humorous, and musical objects. One is constantly surprised at the local sonic stops that are made until the piece reaches its final destination after 10 minutes and 22 seconds. For example, at one point the marker pen transforms into various types of quasi-birds, sheep, and insects. At another point in the piece the composer further stretches the spectral and temporal boundaries of the pen and places the listener in a virtual jungle with all its sonic and spatial intricacies. Yet in another moment, perhaps as homage to Pierre Henry, a door creaking gesture is made and at approximately 2’33” into the piece a quasi-human voice sighs out of the blue — somewhat reminiscent of Edgar Varèse’s sudden injection of a sighing female voice in Poème électronique (1958). But the vague similarity with Varèse’s piece only lasts for a very short moment as the quasi-human voice morphs into what seems to resemble a howling beast in the mountains of Transylvania?

    Without a doubt Traces features an abundance of densely-populated aural soundscapes that bring about countless savoring moments of musicality, humor, surprise, and strategic placement of sound objects in time, keeping the listener extremely busy until the very last sound byte is spun out by the CD player. The meticulously placed sounds in space are also one of the highlights present in all five pieces on Traces. Perhaps his experience with the BEAST (Birmingham Electro Acoustic Sound Theatre) system inclined him to give particular importance to the spatial aspect of composition in this CD. Of all the interesting moments in the pieces however, possibly due to the unexpected contrast, one of the most beautiful moments on this whole CD is a dry and fleeting silent sector at the beginning of the last track.

    liberum arbitrium, morceaux_de_machines dans Jade

    «Critique», Julien Jaffré, Jade, no 8, 6 novembre 2002
    mercredi 6 novembre 2002 Presse

    Comment ne pas s’intéresser à deux jeunes artistes dont le premier groupe avait eu la pertinence de se baptiser Napalm Jazz, (également émission de radio), échos lointains des Naked City côtoyant les assauts digitaux de Merzbow. morceaux_de_machines se fait un malin plaisir à brouiller les pistes, à tel point qu’on ne sait vraiment plus si ils ajoutent du bruit à la mélodie ou si ils restreignent le bruit à la mélodie. Acharné de l’improvisation, le duo canadien se lâche volontiers, citant au passage l’Art du bruit de Luigi Russolo ou Anthony Burgess (Orange mécanique) pour soutenir leur discours, leur évocation libre de la création artistique. À cheval entre l’ambient, le jazz, le hip-hop baclé et le bruit blanc, morceaux_de_machines tisse des atmosphères tendues, catharsis numérique de processeurs furibonds et de lignes de programmation effrénées. Paradoxalement, leur musique n’est pas sans évoquer les productions de Deathprod sur Biosphère ou d’un Stock, hausen & walkman remixé par Kevin DrummDontigny et d’Orion se détachent de ces références en gardant une spontanéité et un abandon de soi à leur art. Ou une manière habile de garder le sourire en se bouchant les oreilles.

    … morceaux_de_machines tisse des atmosphères tendues, catharsis numérique de processeurs furibonds et de lignes de programmation effrénées.
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